Vivir sin petróleo es imposible: la cruda realidad

PATRICK DUNGAN ALVEAR

B.B.A BUSINESS ADMINISTRATION

INTERNATIONAL BUSINESS, INGENIERO EN COMERCIO EXTERIOR

Un día cualquiera en La Araucanía y en cualquier ciudad del mundo, se observa una escena donde está una mujer, maquillada con esmero, esmalte en las uñas, laca en el pelo y unas gafas con montura a la moda. Se sube a su auto y se dirige al centro, llega a su oficina, firma un documento con un bolígrafo, se toma un café y, como le duele la cabeza, se toma una aspirina. Sale a comprar y paga con tarjeta de crédito, después se dirige al baño, recién limpiado con detergente, deja su bolso sobre la repisa y se lava las manos con jabón.

Casi todos los objetos y bienes que aparecen en esta escena proceden del petróleo, el llamado ¨oro negro¨, presente en casi todas las instancias de nuestras vidas y el escenario de poder drásticamente abandonar su uso, es imposible. Y lo más complejo es, que la transformación hacia el uso de energías limpias, está muy lejano todavía, mientras se intensifican las inversiones en la transición energética, la realidad es que sin petróleo la vida actual del hombre en la tierra sería casi inviable.

Ahora que el barril ha llegado a superar los 100 dólares, los países se lanzan al reto de reducir las emisiones de CO2 con el fin de luchar contra el cambio climático. Un objetivo principal de las economías de diversos tamaños es poder terminar con la dependencia del petróleo. ¿Pero podemos de verdad prescindir de esta materia prima? Lamentablemente, la respuesta es que no. O, por el momento, no del todo. Somos realmente como sociedad, ¨homo hidrocarburo¨, nuestros combustibles fósiles representan más del 80% de toda la energía primaria consumida en el mundo y bajar este porcentaje en poco tiempo es arduo¨.

Desde la salud hasta los fertilizantes, el petróleo se necesita para usos que son totalmente esenciales en la vida del ser humano, es imposible imaginar que, en el marco de esta pandemia sanitaria, no hubiesen existido los utensilios para la detección y prevención del virus, fabricados en plástico, que como derivado del petróleo, están en el ojo del huracán, por su presencia en los mares y vertederos del mundo. En busca de un material para frenar los contagios en la pandemia de COVID – 19, el plástico ha sido el mejor candidato. Su uso clave en jeringas, mascarillas, guantes, batas, sueros y otros nos llevan a concluir que un quirófano sin petróleo no existiría.

En estos tiempos se ha demonizado el petróleo, pero no hay que olvidar que durante décadas ha generado riqueza y podríamos señalar que el crecimiento de la economía mundial, ha tenido como principal aliado, el uso del petróleo. Sin el carbón, petróleo y gas, el consumo energético mundial no podría haberse multiplicado por un factor cercano a cinco durante el periodo 1950 – 2000, posibilitando que durante el mismo periodo el PIB mundial se multiplicara por siete, y la población mundial, por algo más de dos. El precio a pagar ha sido que las emisiones de CO2 se han multiplicado por casi cinco durante los cincuenta años considerados.

Afirmar que el cambio climático es tan solo el resultado del uso de los combustibles fósiles es una verdad a medias, porque la demografía y el estilo de vida también están detrás del efecto invernadero. Basta analizar el aumento del tráfico de vehículos en la capital regional producto del crecimiento del parque automotriz, cada vehículo nuevo es un aumento en la emisión y un paso hacia atrás en el camino de la descontaminación y eficiencia energética.

El camino hacia la transición energética ya se está realizando en gran parte y está basada en la reducción de emisiones, no es posible en la actualidad la transición a economías que sean gran parte o completamente libres de la dependencia de los hidrocarburos. Es necesario trabajar en intensificar los usos alternativos de materias primas como los son los combustibles sintéticos, energía eólica, los biocarburantes avanzados que ocupan residuos forestales, agrícolas o industriales y de igual forma los residuos solidos urbanos y plásticos. El futuro no es pensar como vivir sin el petróleo, sino como emplearlo mejor.

Editor Diario Santiago

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