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El día en que Kast llevó el ChileDay a la Asamblea General de la ONU

El primer discurso de José Antonio Kast ante Naciones Unidas estuvo marcado por una particular mezcla entre balance de gestión, llamado a la inversión y críticas al sistema multilateral. El Presidente presentó la idea de un “Chile de vuelta”, defendió su agenda de seguridad y confirmó la incorporación del país al denominado Escudo de las Américas, mientras desde la oposición cuestionaron el tono y el contenido de su intervención.


La primera participación de José Antonio Kast como Presidente de Chile ante la Asamblea General de Naciones Unidas dejó una imagen que abrió más de una discusión política en el país. En un escenario diseñado para abordar asuntos internacionales, conflictos, cooperación y desafíos globales, el Mandatario utilizó buena parte de sus 18 minutos para presentar un diagnóstico sobre la situación interna de Chile, reivindicar las primeras decisiones de su administración y proyectar una recuperación económica y de seguridad que, según su discurso, ya estaría en marcha.

“Chile está de vuelta” fue una de las frases que sintetizó la intervención presidencial. Kast sostuvo ante la comunidad internacional que el país comienza nuevamente a caminar hacia el desarrollo y vinculó esa recuperación con conceptos como orden, libertad, seguridad, inversión y crecimiento. El problema político de esa fórmula es que transforma una tribuna internacional en una suerte de rendición de cuentas doméstica: el Presidente no solamente habló del lugar de Chile en el mundo, sino también de cómo interpreta los últimos años de la política y la economía nacional.

Seguridad, inversión y el mensaje hacia los mercados

Kast puso especial énfasis en la seguridad y en la recuperación de las condiciones para atraer inversión. Durante su intervención destacó solicitudes de inversión por más de US$44 mil millones y llamó a los capitales internacionales a elegir Chile, presentando al país como una economía con reglas estables y mejores condiciones para emprender.

El mensaje estaba dirigido simultáneamente a dos públicos: la comunidad internacional y los actores económicos, pero también la audiencia política chilena. Esa doble dimensión explica buena parte de las críticas que surgieron después de la intervención. Para sus detractores, el discurso tuvo elementos propios de una cuenta pública o de una presentación ante inversionistas más que de una exposición estrictamente diplomática; para el Gobierno, en cambio, la defensa de la recuperación económica y de la seguridad forma parte precisamente de la manera en que Chile busca reposicionarse internacionalmente.

La percepción ciudadana sobre ese relato tampoco aparece completamente alineada con la narrativa presidencial. Una medición de Cadem publicada esta semana mostró que un 60% de los encuestados estaba en desacuerdo con la afirmación de que, después de años de estancamiento, “Chile está de vuelta y comienza a caminar hacia el desarrollo”. La misma encuesta registró un 55% de acuerdo con que Chile debe ser elegido para invertir debido a sus reglas estables.

La ONU como escenario de la disputa política chilena

Otro de los elementos que marcaron el discurso fue la crítica directa de Kast a Naciones Unidas. El Presidente afirmó que el organismo “no ha estado a la altura” de los desafíos actuales y cuestionó su burocracia, la multiplicación de agendas y el funcionamiento del Consejo de Seguridad. Las críticas no son nuevas en el debate internacional, pero adquieren un significado particular cuando son formuladas por un jefe de Estado durante su primera intervención ante la Asamblea General.

La contradicción que algunos analistas observaron está precisamente ahí: mientras el Presidente utiliza el principal escenario multilateral para cuestionar parte de su funcionamiento, al mismo tiempo busca proyectar a Chile como un país que vuelve a ocupar un lugar relevante en el concierto internacional. La pregunta que queda abierta es cuánto de ese reposicionamiento se construye mediante acuerdos, resultados diplomáticos y cooperación efectiva, y cuánto mediante la exposición pública de la agenda política del propio Gobierno.

En paralelo, la incorporación de Chile al denominado Escudo de las Américas terminó convirtiéndose en uno de los anuncios más relevantes de la gira. La iniciativa, impulsada por Estados Unidos como espacio de coordinación frente al crimen organizado y el narcotráfico, generó cuestionamientos desde sectores de la oposición. El Gobierno ha defendido la decisión y ha señalado que la adhesión no supone un tratado ni operaciones militares, además de descartar que implique una pérdida de soberanía.

Entre la diplomacia y la política interna

La controversia también llegó desde la oposición. La exministra Camila Vallejo cuestionó públicamente la intervención presidencial y acusó a Kast de continuar responsabilizando a sus antecesores por los problemas del país después de seis meses de Gobierno. Vallejo calificó el discurso como una forma de “avergonzar a Chile ante el mundo” y cuestionó la orientación internacional que, a su juicio, está adoptando la administración.

Más allá de la intensidad de esas declaraciones, el episodio muestra que la política exterior volvió a convertirse en un terreno de disputa interna. El Gobierno presenta su acercamiento a Estados Unidos y al Escudo de las Américas como una herramienta de cooperación para enfrentar amenazas transnacionales, mientras sus críticos advierten sobre las consecuencias que podría tener una mayor alineación con Washington para la tradicional autonomía de la política exterior chilena.

La discusión, por tanto, no termina en la fotografía de Kast junto a otros mandatarios ni en las frases pronunciadas desde el hemiciclo de Naciones Unidas. El verdadero examen estará en los resultados concretos que produzcan las decisiones anunciadas: inversiones efectivamente materializadas, cooperación internacional verificable, resultados en seguridad y una política exterior capaz de traducir los alineamientos políticos en beneficios concretos para Chile.

Porque una cosa es proclamar que Chile “está de vuelta” y otra, bastante más exigente, es demostrar ante el país y ante sus socios internacionales qué significa exactamente ese regreso. La Asamblea General de la ONU puede servir como escenario para presentar una visión de país, pero son los acuerdos, las cifras y los resultados los que finalmente permiten medir el alcance de una política exterior.

Y ahí está precisamente la pregunta que queda después de la gira presidencial: si Naciones Unidas fue utilizada como escenario para contarle al mundo que Chile regresó, ¿cuáles serán los hechos concretos que permitirán comprobar ese regreso?

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