Rasputín y el factótum: los asesores que tensionan el Gobierno

Cristián Valenzuela y Alejandro Irarrázaval, figuras clave en la campaña de José Antonio Kast, generan tensión interna por su estilo de gestión en el Segundo Piso del Ejecutivo.


Cristián Valenzuela, conocido como el “Rasputín de Kast”, se ganó reconocimiento durante la campaña presidencial por su habilidad para instalar marcos, tensionar debates y movilizar apoyos. Sin embargo, en la gestión diaria del Gobierno, su estilo ha generado fricciones.

El concepto de “Estado en quiebra”, promovido por Valenzuela, detonó un fuerte debate público y obligó a economistas, el Banco Central y al propio ministro de Hacienda a salir a contener el impacto. Según fuentes del oficialismo, esta intervención desordenó la agenda gubernamental justo en momentos críticos, como la suspensión del Mepco.

“Se lo comió el personaje”, reconocen desde el sector. Valenzuela funciona mejor en campaña –donde hay guerra– que en tiempos de gobernanza, donde sus frases de alto impacto tienen un costo político inmediato.


Irarrázaval: el factótum silencioso

Alejandro Irarrázaval, por su parte, no protagoniza polémicas públicas ni da entrevistas, pero concentra algo peor: un malestar interno significativo. Fue coordinador de campaña y arquitecto del actual Segundo Piso, pero ahora muchos en el oficialismo lo perciben como un cuello de botella.

Las críticas se centran en su poca muñeca política y limitada capacidad de articulación, especialmente con los partidos del oficialismo como la UDI, RN y Republicanos, a los que supuestamente trata como “hermanos pobres”. Este estilo ha generado sensación de ninguneo y decisiones tomadas sin consulta, tensionando la gobernanza.


Comparaciones y repercusiones internas

El descontento transversal ya circula por los pasillos de los partidos oficialistas. La comparación con Jorge Larroulet durante el gobierno de Sebastián Piñera II es inevitable: el malestar generado por Irarrázaval recuerda a los momentos más críticos de aquel período, cuando la coordinación interna se volvió complicada y la gestión perdió eficacia.

Fuentes de derecha comentan que su único logro visible es haber sido tesorero de la UDI, y que su rol actual como factótum genera indignación, al mismo tiempo que evidencia una dificultad para integrar y escuchar al oficialismo.


Un Gobierno bajo tensión

La presencia de Valenzuela e Irarrázaval refleja un dilema interno: la transición de la campaña a la gestión diaria requiere otros liderazgos y estilos. Mientras Valenzuela mantiene su impronta de confrontación pública, Irarrázaval genera fricciones internas, lo que evidencia que el Segundo Piso está lejos de funcionar como un órgano de coordinación eficiente.

El desafío del Ejecutivo será reconducir estas tensiones y lograr un equilibrio entre influencia, liderazgo y gobernanza, especialmente en un contexto político polarizado y con decisiones críticas en el horizonte.

Leave a Reply

Your email address will not be published.