Del álbum de fútbol al Mundial de los Escritores: el bibliotecario que convirtió las láminas en una puerta a la literatura

Harry Ríos, profesor de Filosofía y encargado de la biblioteca del Colegio PuenteMaipo, convirtió la pasión por los álbumes y las láminas de fútbol en una innovadora estrategia para acercar a niños y jóvenes a los libros.


¿Qué pasaría si las láminas que los niños coleccionan para completar un álbum de fútbol fueran de escritores en lugar de futbolistas?

Esa pregunta dio origen a una particular iniciativa desarrollada en la Biblioteca del Colegio PuenteMaipo, en Puente Alto, donde el profesor de Filosofía y encargado del recinto, Harry Ríos, decidió utilizar una de las pasiones más populares entre sus estudiantes como puerta de entrada a la literatura.

Así nació el “Mundial de los Escritores”, una experiencia que lleva al espacio escolar un lenguaje que los niños y jóvenes conocen bien: álbumes, láminas, intercambio, equipos y competencia.

El objetivo, sin embargo, va mucho más allá del juego. La propuesta busca que los estudiantes descubran nuevos autores, conozcan sus obras y encuentren en la biblioteca un espacio cercano y propio.

Una biblioteca que salió a buscar a los estudiantes

La iniciativa forma parte de un trabajo de fomento lector que Harry Ríos y la comunidad educativa vienen desarrollando desde hace varios años.

La premisa es sencilla: si los estudiantes no siempre llegan espontáneamente a la biblioteca, la biblioteca puede salir a buscarlos.

A fines del año pasado, Ríos se adjudicó junto a Fundación Nocedal un proyecto denominado “Manos a las obras”, pensado precisamente para acercar los libros a los estudiantes a partir de sus propios intereses.

Como parte de esta iniciativa adquirió una particular herramienta de trabajo: una carretilla verde, cuyo color responde a la identidad institucional de la Fundación y del colegio.

Pero no se trataba de una carretilla cualquiera. En su interior comenzaron a viajar libros, muchos de ellos relacionados con una pasión que ocupa un lugar central entre los estudiantes: el fútbol.

Con ella, Harry dejó por un momento las paredes de la biblioteca y comenzó a recorrer las canchas del establecimiento.

La estrategia apuntó especialmente a aquellos alumnos que viven el fútbol con intensidad y que, en palabras del propio bibliotecario, son unos “juguitos de pelota”.

“Si el fútbol es su pasión, tenemos que ir hacia ellos. Salimos con nuestra carretilla verde, llena de libros relacionados con el fútbol, pero desde la vertiente narrativa”.

La idea es acercar historias vinculadas al deporte, pero desde una perspectiva diferente. No se trata de estadísticas, resultados o jugadores, sino de narrativa, personajes e historias.

De la cancha a la biblioteca

El mecanismo es sencillo. Un estudiante conoce un libro mientras está en la cancha, se interesa por él y puede reservarlo. Pero para retirarlo debe trasladarse hasta la biblioteca. Ese pequeño recorrido es parte fundamental de la estrategia.

“Ahí aparece el gancho: los encantamos, se interesan por un libro y lo pueden reservar en la cancha, pero para llevárselo tienen que venir a la biblioteca”.

Una vez que los estudiantes llegan al recinto, comienza una segunda etapa. Harry conversa con ellos, les presenta otros títulos, les cuenta qué pueden encontrar y busca involucrarlos progresivamente con el espacio.

“La idea es que entiendan que la biblioteca también es suya y que puede ser una extensión de esa pasión que ellos tienen por el fútbol”.

Así, el proyecto no se limita al préstamo de libros. Primero aparece la cancha. Luego surge el interés por una historia. Después viene la biblioteca. Y en ese recorrido comienza a construirse un vínculo con la lectura.

Cuando los futbolistas se convierten en escritores

El trabajo desarrollado durante este proceso llevó a una nueva pregunta. Si los estudiantes disfrutan coleccionando e intercambiando láminas de fútbol, ¿por qué no utilizar esa misma dinámica para acercarlos a los escritores?

La respuesta fue el “Mundial de los Escritores”. La propuesta toma la lógica de los tradicionales álbumes y la transforma en una experiencia literaria. Las láminas dejan de estar protagonizadas por futbolistas y pasan a presentar a grandes referentes de la literatura.

Los estudiantes pueden completar su álbum, conocer autores, intercambiar láminas y participar de una experiencia que combina juego, curiosidad y literatura. La fórmula es simple, pero detrás existe un objetivo ambicioso: conseguir que los libros dejen de percibirse como algo distante o asociado exclusivamente a una obligación escolar.

La iniciativa fue difundida por Fundación Nocedal bajo el concepto “La lectura sale a la cancha”, destacando precisamente la posibilidad de unir dos mundos que, a primera vista, parecen muy diferentes.

El juego como puerta de entrada a la lectura

Para Harry Ríos, la clave no está en intentar reemplazar los intereses de los estudiantes, sino en utilizarlos como punto de partida. En este caso, el fútbol no compite con la lectura.

Es el camino para llegar a ella.

Coleccionar, buscar, preguntar e intercambiar forman parte de la dinámica de un álbum. Cada una de esas acciones puede convertirse, a su vez, en una oportunidad para conversar sobre escritores, libros e historias. La apuesta consiste en que los estudiantes no lleguen a la biblioteca únicamente porque tienen que cumplir con una lectura, sino también porque quieren descubrir qué escritor les falta, qué lámina pueden conseguir o qué historia se encuentra detrás de cada personaje. De esta manera, la biblioteca comienza a transformarse en una extensión de sus propios intereses.

“La biblioteca tiene que ser un espacio vivo. No podemos esperar siempre que el estudiante venga a nosotros. También tenemos que salir a encontrarlo donde están sus intereses, conocer lo que le gusta y desde ahí abrirle una puerta hacia otros mundos”.

Una alianza que busca ampliar la experiencia

A partir de la iniciativa desarrollada por Harry Ríos, CGE se vinculó al proyecto y apoyó su desarrollo, contribuyendo a que esta experiencia de fomento lector pudiera llegar a más estudiantes.

La colaboración refleja cómo una iniciativa surgida desde la propia comunidad educativa puede encontrar aliados cuando aborda una necesidad concreta: buscar nuevas formas de acercar a niños y jóvenes a la lectura.

Para Fundación Nocedal, experiencias como esta muestran que el fomento lector también puede construirse desde la creatividad de quienes trabajan diariamente con los estudiantes. No siempre se necesita una fórmula compleja para despertar el interés por los libros. A veces basta con observar qué entusiasma a los niños y encontrar una manera de conectar ese entusiasmo con el aprendizaje.

Una biblioteca mucho más que libros

La experiencia del Colegio PuenteMaipo plantea una pregunta que trasciende al propio proyecto: ¿cómo conseguir que niños y adolescentes vuelvan a mirar los libros con curiosidad?

La respuesta de Harry Ríos parte desde un lugar diferente a la obligación. La lectura puede comenzar con un juego. Puede nacer de una conversación en una cancha, de una lámina intercambiada o de la curiosidad por conocer quién es ese escritor que aparece en un álbum.

El fútbol, la colección y la competencia se convierten así en herramientas para abrir una puerta hacia los libros. Y detrás de cada lámina existe la posibilidad de descubrir un nuevo escritor, una historia desconocida o incluso un libro que el estudiante nunca habría escogido por iniciativa propia.

El resultado es una biblioteca que busca ser mucho más que un espacio silencioso. Es un lugar para conversar, descubrir, jugar, intercambiar ideas y encontrar nuevas historias.

Porque para Harry Ríos el desafío no consiste solamente en conseguir que un estudiante lea un libro. El verdadero objetivo es que sienta que la biblioteca también es su lugar.

Y ahora puede hacerlo como si estuviera completando un álbum de fútbol. La diferencia es que esta vez, en lugar de buscar al próximo goleador, la misión es encontrar al próximo escritor que quiera conocer.

Leave a Reply

Your email address will not be published.