Mujeres frente al desempleo: maternidad, edad y falta de experiencia levantan nuevas barreras laborales

Casi un millón de personas están desocupadas en Chile y 465 mil son mujeres. Detrás de esta cifra hay meses de búsqueda, cientos de postulaciones y entrevistas en las que todavía aparecen preguntas sobre la maternidad, el estado civil, la edad o los años de experiencia. Para las más jóvenes, falta trayectoria; para las mayores, la edad puede convertirse en un obstáculo. Y para muchas madres, los horarios laborales siguen siendo difíciles de compatibilizar con las responsabilidades familiares.


Encontrar trabajo se ha convertido en un proceso cada vez más extenso para miles de mujeres en Chile. Enviar currículums, responder ofertas, completar formularios, asistir a entrevistas y esperar una respuesta que muchas veces nunca llega forma parte de la rutina de quienes llevan meses intentando volver al mercado laboral o conseguir su primer empleo.

Las cifras muestran la magnitud del problema. El último informe de empleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) registró una tasa de desocupación nacional de 9,5%, su nivel más alto en cinco años. En total, 981.044 personas se encontraban sin trabajo y 184 mil llevaban al menos un año buscando empleo, con un tiempo promedio de búsqueda de 8,1 meses.

La situación golpea con mayor intensidad a las mujeres. La tasa de desocupación femenina llegó a 10,3%, acumulando cinco trimestres consecutivos por sobre el 10%. En términos concretos, son cerca de 465 mil mujeres que buscan incorporarse al mercado laboral y no encuentran un puesto.

Pero detrás de la estadística aparece otra dimensión del problema: las razones por las que muchas postulaciones no avanzan. En algunos casos se exige experiencia que quienes recién egresan todavía no pueden acreditar. En otros, una trayectoria extensa parece jugar en contra. Para las madres, además, la disponibilidad horaria y las responsabilidades de cuidado pueden convertirse en una barrera adicional.

Ser madre y buscar trabajo: una doble exigencia

Camila tiene 31 años y comenzó nuevamente su búsqueda laboral en diciembre del año pasado, después de completar una certificación en programación y análisis de datos en la Fundación Soymás.

Su salida del mercado laboral había ocurrido cuatro años antes, cuando decidió renunciar para acompañar a su hijo menor después de que recibiera un diagnóstico de autismo. Con el paso del tiempo, el niño ha logrado adaptarse mejor al colegio y avanzar en su desarrollo, por lo que Camila consideró que era el momento de regresar a trabajar.

La decisión, sin embargo, no ha tenido el resultado esperado.

Durante estos meses ha enviado postulaciones principalmente a puestos de atención al cliente, áreas administrativas y casinos. En algunas oportunidades llegó a entrevistas, pero también ha recibido como respuesta que su perfil está sobrecalificado para determinados cargos. En otros procesos simplemente no obtuvo respuesta.

Mientras continúa buscando una oportunidad formal, utiliza sus conocimientos en manipulación de alimentos y pastelería para realizar pedidos desde su casa. Es una forma de generar ingresos, aunque sin contrato ni remuneración fija.

Para Camila, una de las principales dificultades aparece durante las propias entrevistas.

“Siempre me preguntan la edad de mis hijos, constantemente buscan que los niños sean más grandes. Yo tengo hijos más pequeños, de 8 y 14 años. También me preguntan, por ejemplo, si estoy casada”, relata.

A esto se suma un problema aparentemente práctico, pero que termina siendo determinante: los horarios. Camila debe llevar a sus hijos al colegio a las 8:00 de la mañana, justamente cuando comienzan muchas jornadas laborales.

Su experiencia coincide con un escenario particularmente complejo para las personas de su grupo etario. Según el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), entre los 25 y 35 años la tasa de desocupación alcanzó el 12,7% en el trimestre mayo-julio de 2026, aumentando 1,2 puntos porcentuales en doce meses.

Mujeres profesionales que enfrentan el requisito de la experiencia

La dificultad también aparece entre mujeres que cuentan con estudios superiores completos. Tener un título, en muchos casos, no garantiza una puerta de entrada al mercado laboral.

De las 33.069 mujeres que quedaron cesantes durante el último año, 16.521 contaban con estudios superiores completos, ya fueran universitarios o técnicos. En este segmento, la tasa de desempleo llegó al 8,8%, aumentando 0,5 puntos porcentuales en doce meses.

Carolina, de 32 años, conoce esa situación. Estudió enfermería y después de titularse intentó incorporarse al área, pero terminó optando por emprender y trabajar de manera independiente.

Uno de los procesos que recuerda fue una entrevista con una clínica estética. El mecanismo de selección contemplaba trabajar algunos días en el lugar, cumpliendo horarios y procedimientos establecidos. El problema, explica, era que las condiciones ofrecidas no compensaban las exigencias de una jornada extensa para alguien que recién comenzaba.

Con el tiempo identificó otra barrera que se repetía en las postulaciones: la experiencia.

“Al ser joven no cuentas con los años de experiencia necesarios que piden en las postulaciones”, explica.

La misma contradicción aparece en el caso de Paula, de 24 años, quien egresó de periodismo en agosto de 2024. Desde entonces se ha encontrado reiteradamente con ofertas que exigen dos o tres años de experiencia laboral.

“¿Y de dónde la saco si recién terminé de estudiar?”, cuestiona.

La búsqueda la ha llevado a ampliar el espectro de cargos a los que postula. Ya no busca solamente empleos relacionados con el periodismo: también ha enviado antecedentes para trabajar como cajera o bodeguera.

El proceso, reconoce, ha tenido un impacto que va más allá de lo económico.

“Una se pregunta y se cuestiona si es que la carrera realmente valía la pena estudiarla porque realmente no hay empleo. Amo lo que estudié, amo de lo que se trata, pero el tema laboral es injusto y precario”, señala.

Durante algunos días puede pasar hasta tres horas revisando aplicaciones y plataformas de empleo. En ese proceso ha encontrado ofertas con 500 postulantes e incluso más de mil.

La consecuencia es una competencia cada vez mayor por puestos que, en muchos casos, tampoco ofrecen condiciones estables.

Cuando la experiencia acumulada tampoco garantiza empleo

Si para las mujeres jóvenes el problema puede ser no contar con suficiente experiencia, para quienes tienen más trayectoria la situación puede presentarse de una manera diferente.

Natalia tiene 42 años y lleva 18 meses buscando trabajo. Estudió administración hotelera y durante casi una década se desempeñó en el área de servicio al cliente de una corredora de propiedades.

Hace tres años dejó ese empleo pensando en encontrar mejores oportunidades. Durante ese período también intentó trabajar de manera independiente como paisajista, área en la que cuenta con formación, pero los gastos asociados hicieron difícil sostener la actividad.

Al retomar la búsqueda laboral consiguió avanzar en distintos procesos de selección. En algunos llegó hasta etapas finales. Sin embargo, asegura que en determinadas oportunidades terminó percibiendo que su edad podía influir en la decisión.

“Yo diría que logré avanzar en varias etapas, como en tres o cuatro postulaciones de trabajo. Finalmente, se me da a entender que la edad pesa”, cuenta.

A eso se suman las diferencias entre las remuneraciones ofrecidas y sus expectativas, considerando los años de experiencia acumulados.

Su búsqueda también se encontró con las dificultades que atraviesa el mercado inmobiliario. En las corredoras de propiedades, explica, buena parte de los ingresos depende de las comisiones y no de un sueldo base. La menor capacidad de acceso a créditos hipotecarios también ha afectado ese mercado.

Actualmente realiza trabajos esporádicos y sin contrato. Los ingresos que obtiene apenas alcanzan para cubrir el arriendo, mientras las obligaciones económicas se acumulan.

“Se transforma en una bola de nieve”, resume.

La situación refleja una paradoja que aparece en distintas etapas de la vida laboral femenina: para las jóvenes, la falta de experiencia puede cerrar puertas; para las mujeres con mayor trayectoria, la edad puede convertirse en otro factor dentro de los procesos de selección.

Más mujeres trabajando, pero con mayor informalidad

La dificultad para acceder a empleos formales también ayuda a explicar por qué un aumento en la cantidad de mujeres ocupadas no necesariamente significa mejores condiciones laborales.

Según el OCEC-UDP, durante el último trimestre informado el número de mujeres ocupadas aumentó en 41.489. Sin embargo, en el mismo período se destruyeron 54.147 empleos asalariados privados, es decir, puestos asociados a contrato y cotizaciones.

El resultado es que una parte del aumento de la ocupación femenina se explica por otras modalidades, entre ellas el trabajo informal y por cuenta propia.

Los datos del INE muestran que durante mayo-julio de 2026 la tasa de ocupación informal femenina llegó al 28,3%, un aumento de 0,8 puntos porcentuales en doce meses. Entre los hombres alcanzó el 25,1%, con un incremento de 0,2 puntos.

A nivel nacional, la informalidad llegó al 26,5%.

La diferencia también aparece al observar la evolución del último año. Las personas ocupadas informalmente aumentaron 1,6%, pero ese incremento estuvo explicado exclusivamente por las mujeres, cuya ocupación informal creció 3,9%, mientras entre los hombres cayó 0,4%.

Así, para algunas mujeres la alternativa frente a la falta de empleo formal no es dejar de trabajar, sino aceptar modalidades más inestables o generar ingresos por cuenta propia.

Las plataformas digitales aparecen como una alternativa

En ese escenario también han crecido otras formas de obtener ingresos. Las estadísticas experimentales del INE, elaboradas a partir de la Encuesta Nacional de Empleo, estiman que 182.800 mujeres se encontraban trabajando mediante plataformas digitales durante el trimestre mayo-julio de 2026.

La cifra representa un aumento considerable respecto de comienzos de 2020, cuando eran alrededor de 25.000.

Solo durante el último año se incorporaron 37.690 mujeres a este tipo de actividad, equivalente a un crecimiento de 26%.

En el caso del reparto, PedidosYa informó que la participación femenina pasó de 18% a 22% del total de repartidores entre 2024 y 2026. En algunas zonas la presencia de mujeres es todavía mayor: en Coyhaique, según la compañía, representan el 47% de quienes realizan repartos.

La flexibilidad es uno de los factores que la empresa identifica como atractivo de este tipo de trabajo, debido a la posibilidad de decidir cuándo conectarse y cuánto tiempo dedicar a la actividad.

PedidosYa señaló además que quienes prestan servicios habitualmente pueden superar un ingreso promedio mensual de $1.100.000 más propinas, considerando un esquema equivalente a 40 horas semanales.

Esta modalidad cuenta además con un marco regulatorio específico. La Ley 21.431 regula la relación entre las plataformas digitales y quienes prestan servicios como repartidores, incluyendo aspectos relacionados con seguridad social, capacitación, seguridad y salud, elementos de protección personal y contrato de prestación de servicios.

Una búsqueda laboral marcada por distintas barreras

Las historias de Camila, Carolina, Paula y Natalia muestran que las dificultades de las mujeres para encontrar empleo no responden a una sola causa.

Para algunas, regresar al mercado laboral después de años dedicados al cuidado familiar significa enfrentar procesos de selección donde la maternidad y la disponibilidad horaria siguen apareciendo como factores relevantes.

Para otras, el problema comienza al terminar los estudios superiores, cuando se encuentran con ofertas que exigen una experiencia que todavía no han tenido oportunidad de construir.

Y para quienes acumulan años de trayectoria, la edad puede aparecer como un nuevo obstáculo.

Mientras tanto, las cifras muestran un mercado en el que aumenta la ocupación femenina, pero también la informalidad, mientras disminuyen los puestos asalariados privados.

Por eso, detrás de las 465 mil mujeres desocupadas no existe solamente una estadística. Hay meses de búsqueda, currículums enviados, entrevistas, trabajos informales, emprendimientos improvisados y una pregunta que se repite entre quienes siguen esperando una oportunidad: cuánto tiempo más tendrán que esperar para volver a encontrar un empleo estable.

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