De la clandestinidad a la primera línea: los episodios que marcaron el legado político de Camilo Escalona

El histórico dirigente socialista falleció este viernes a los 71 años, tras meses alejado de la primera línea política debido a un cáncer. Militante desde su juventud, vivió el exilio y la clandestinidad durante la dictadura, presidió en varias oportunidades el Partido Socialista, encabezó el Senado y protagonizó algunas de las disputas más recordadas de la centroizquierda chilena. Hasta sus últimos meses mantuvo contacto con la dirección de su partido, insistiendo especialmente en la necesidad de preservar la unidad del socialismo.


A los 71 años falleció este viernes el histórico dirigente socialista y expresidente del Senado, Camilo Escalona, quien durante décadas ocupó un lugar destacado en la política chilena y en la conducción del Partido Socialista (PS).

Escalona había sido diagnosticado con cáncer de próstata en abril pasado y desde entonces se había alejado de la primera línea política para concentrarse en su estado de salud.

Sin embargo, según dirigentes de la colectividad, nunca abandonó completamente la actividad partidaria. Pese a su delicado estado, continuó enviando mensajes a la dirección nacional y a la comisión política del PS para comentar la contingencia y las discusiones internas.

El sábado pasado, durante un encuentro metropolitano del Partido Socialista que reunió a más de 400 personas, los asistentes realizaron una ovación en su honor debido a su delicado estado de salud.

Al día siguiente, durante una extensa reunión de la comisión política, también se realizó un reconocimiento a su trayectoria. Entre los mensajes que más se recordaron estuvo uno que Escalona había repetido durante sus últimos meses: la necesidad de preservar la unidad del socialismo.

La preocupación cobró especial relevancia luego de las diferencias públicas entre la presidenta del PS, Paulina Vodanovic, y la senadora Daniella Cicardini durante la tramitación de la denominada megarreforma.

En ese contexto, Escalona envió un video dirigido a los militantes de la colectividad.

“La unidad socialista es primordial para la unidad de la oposición, para la defensa de las conquistas sociales, para frenar la regresión autoritaria del gobierno de la ultraderecha chilena”.

Aquella intervención se transformó en una de sus últimas apariciones políticas y sintetizó una preocupación que atravesó buena parte de su trayectoria: mantener unido al socialismo y preservar su capacidad de articulación dentro de la izquierda chilena.

De dirigente estudiantil al exilio

La relación de Escalona con la política comenzó cuando todavía era adolescente.

Ingresó al Partido Socialista a los 13 años y durante su etapa escolar se convirtió en dirigente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (FESES), mientras estudiaba en el Liceo N°6 de Hombres de San Miguel.

En 1972 fue reelegido presidente de la FESES y, al año siguiente, pasó a integrar el Comité Central de la Juventud Socialista.

El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 cambió radicalmente su vida.

Tras el derrocamiento del Presidente Salvador Allende, Escalona fue requerido por el régimen militar. Con la ayuda del sacerdote Rafael Maroto, logró ingresar a la Embajada de Austria y posteriormente obtuvo asilo político en Viena.

Comenzaba así una etapa marcada por el exilio, la reorganización política y la clandestinidad.

Exilio, clandestinidad y regreso a Chile

Austria fue la primera escala de su exilio.

En 1975 se trasladó a Cuba, donde permaneció hasta 1978. Posteriormente viajó a Berlín Oriental, en la entonces República Democrática Alemana, donde permaneció hasta 1983.

Ese mismo año regresó clandestinamente a Chile, incorporándose al sector PS-Almeyda, encabezado por Clodomiro Almeyda, quien había sido canciller durante el gobierno de Salvador Allende.

En 1984, todavía en condiciones de clandestinidad, Escalona ingresó a la comisión política del Partido Socialista.

Con el retorno de la democracia comenzó una nueva etapa de su trayectoria.

En 1992 fue elegido vicepresidente del PS y, dos años después, asumió por primera vez la presidencia de la colectividad, cargo que ejerció entre 1994 y 1998.

Posteriormente desarrollaría una extensa carrera parlamentaria como diputado y senador, además de ocupar la presidencia del Senado y volver a encabezar el Partido Socialista en distintos períodos.

El episodio con José Antonio Gómez durante la primaria de 2009

Uno de los episodios más recordados de su carrera política ocurrió en 2009, cuando Escalona era senador y nuevamente presidía el Partido Socialista.

Ese año se desarrollaron las primarias presidenciales de la Concertación, coalición en la que competían el democratacristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle y el radical José Antonio Gómez.

Frei se impuso ampliamente. Sin embargo, durante el acto de proclamación del candidato presidencial, un intercambio entre Escalona y Gómez terminó convirtiéndose en uno de los momentos más comentados de aquella jornada.

Frente a las cámaras, Escalona manifestó a Gómez su molestia por lo que, según dirigentes de la época, consideraba una demora en reconocer la derrota.

El intercambio subió de tono y terminó con un empujón de Gómez al dirigente socialista.

Dirigentes presentes, entre ellos Guido Girardi, intentaron contener la situación. Finalmente, algunos compañeros llevaron a Escalona hacia la última fila mientras Gómez permanecía frente al podio para saludar a Frei.

Meses después, Frei perdería la elección presidencial frente al candidato de la Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera.

La ruptura con Marco Enríquez-Ominami

Ese mismo 2009 también quedó marcada su relación con quien entonces era diputado socialista, Marco Enríquez-Ominami.

El parlamentario había manifestado a la dirección del PS su intención de competir en las primarias presidenciales. Según recuerdan militantes de la colectividad, desde la directiva encabezada por Escalona le habrían planteado que debía “ponerse a la fila”, señal que fue interpretada como falta de respaldo a su aspiración.

El 12 de junio de ese año, Enríquez-Ominami acudió al Servel para formalizar su renuncia al Partido Socialista.

En una carta dirigida a Escalona, cuestionó duramente su conducción y sostuvo que algunos dirigentes se habían alejado de las promesas de apertura y democracia que habían marcado el período de recuperación democrática.

También acusó la existencia de prácticas vinculadas al autoritarismo, el cuoteo y la mantención de acuerdos internos.

La respuesta de Escalona fue breve y quedó registrada como una de sus frases más recordadas:

“Nos vemos en diciembre”.

Diecisiete años después, la relación entre ambos volvió a aparecer públicamente, aunque esta vez en un contexto completamente distinto.

El 21 de agosto de este año, luego de conocerse el delicado estado de salud del dirigente socialista, Enríquez-Ominami publicó una carta abierta dirigida a Escalona.

No fui su amigo. Tampoco me alcanza la palabra adversario. Fuimos enemigos”, escribió.

Esta vez, sin embargo, el tono fue de reconocimiento.

Enríquez-Ominami destacó su trayectoria política y describió a Escalona como una figura de una generación para la cual la militancia constituía un compromiso de vida.

“Usted comió y respiró el oficio”.

Y añadió que Escalona representaba “una especie en retirada: la de quienes entendieron la militancia como destino y no como carrera”.

La carta terminó con una reflexión sobre la relación política entre ambos: “Ser enemigos jamás significó no comprender al otro”.

“No nos pongamos a fumar opio”

Otro episodio que quedó registrado en la trayectoria de Escalona ocurrió en 2012, en medio del creciente cuestionamiento al sistema político chileno tras las movilizaciones estudiantiles.

Por esos años comenzó a tomar fuerza la idea de convocar una Asamblea Constituyente, propuesta respaldada por distintos sectores políticos y sociales.

Escalona se mostró contrario a considerar que Chile atravesara entonces una crisis institucional y cuestionó la posibilidad de que una Asamblea Constituyente se transformara en el centro del debate político.

En una entrevista con La Tercera, sostuvo:

“No quisiera que el tema de la Asamblea Constituyente fuera una especie de droga que nos haga olvidar los problemas políticos”.

Luego agregó una de las frases que terminaría siendo asociada a ese episodio:

“No nos pongamos a fumar opio en un escenario ficticio”.

Años después, el escenario político cambió radicalmente.

Tras el estallido social de octubre de 2019, Chile inició un proceso constituyente y Escalona terminó respaldando ese itinerario.

Consultado en 2020 por Radio Bío Bío sobre sus declaraciones de 2012, reconoció que aquella había sido “una mala frase”, aunque sostuvo que su afirmación se refería a que el entonces Presidente Sebastián Piñera no convocaría por iniciativa propia una Asamblea Constituyente.

Escalona y el Gobierno de Gabriel Boric

La llegada de Gabriel Boric a La Moneda abrió un nuevo escenario dentro de la izquierda chilena.

En sectores del Partido Socialista existían diferencias respecto de la relación que debía establecerse con el Frente Amplio y con el espacio político que posteriormente conformaría la coalición de gobierno.

Durante las primarias presidenciales habían surgido tensiones por la posibilidad de incorporar al PS a Apruebo Dignidad, bajo condiciones que dejaban fuera a otros partidos de la antigua Concertación.

El episodio generó resquemores entre dirigentes socialistas y sectores que posteriormente llegarían al Gobierno.

En ese contexto, Escalona asumió como secretario general del PS y se convirtió en una de las figuras relevantes para mantener la cohesión interna y sostener el respaldo socialista al Presidente Boric.

Tras el triunfo del Rechazo en el plebiscito constitucional de septiembre de 2022, las críticas al Gobierno aumentaron desde sectores del Socialismo Democrático.

Escalona, sin embargo, se mantuvo entre quienes defendían la necesidad de respaldar al gobierno del que el Partido Socialista formaba parte.

En distintas intervenciones, tanto públicas como ante la militancia, recurrió a una idea que sintetizaba su posición:

“Algo que aprendimos los socialistas después del Golpe de Estado es que al Presidente nunca se le deja solo”.

Un legado marcado por la disciplina partidaria

La trayectoria política de Camilo Escalona estuvo atravesada por transformaciones profundas de la izquierda chilena: desde la militancia juvenil y la clandestinidad durante la dictadura hasta la recuperación democrática, los gobiernos de la Concertación, las disputas internas de la centroizquierda y el nuevo ciclo político iniciado tras el estallido social.

Fue dirigente estudiantil, exiliado, militante clandestino, presidente del Partido Socialista, diputado, senador y presidente del Senado.

Pero más allá de los cargos, quienes compartieron con él distintos momentos de su extensa trayectoria destacan una característica que permaneció hasta sus últimos días: su compromiso con el Partido Socialista y con la unidad de la colectividad.

Incluso cuando su estado de salud lo obligó a retirarse de la primera línea, Escalona continuó siguiendo la política interna y enviando mensajes a sus compañeros.

Su última preocupación partidaria fue, precisamente, una de las ideas que acompañó gran parte de su vida política: mantener unido al socialismo para enfrentar los desafíos de la izquierda chilena.

A los 71 años, Camilo Escalona dejó así una trayectoria que difícilmente puede entenderse sin mirar los principales capítulos de la historia política chilena de las últimas cinco décadas.

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