Humedales ante lluvias extremas: intervenirlos aumenta el riesgo de inundaciones

Tras el reciente temporal que dejó casi 198 milímetros de lluvia en un día en Valdivia, estos ecosistemas demostraron su capacidad para absorber y regular el exceso de agua.


El valor de los humedales volvió al debate luego de que el presidente José Antonio Kast cuestionara la extensión protegida del humedal Rocuant-Andalién, preguntando si el país tendría “un humedal de 1.500 hectáreas que nadie usa”. Sin embargo, los últimos temporales han evidenciado el papel que estos ecosistemas cumplen en la protección de las ciudades.

Un ejemplo ocurrió recientemente en Valdivia, donde cayeron 197,61 milímetros de lluvia en un solo día. Pese a la intensidad del evento, especialistas señalaron que los humedales urbanos —que abarcan cerca del 16% de la superficie de la ciudad— ayudaron a amortiguar sus efectos al absorber, retener y canalizar el agua.

El Dr. Patricio Pacheco Cancino, académico de la Universidad de La Frontera (UFRO) y especialista en ecohidrología y ecosistemas de humedales, explicó que estos espacios funcionan como “verdaderas esponjas naturales”, almacenando temporalmente parte del agua de las precipitaciones intensas y disminuyendo la velocidad con que escurre hacia ríos, esteros y sectores urbanos.

“La vegetación que se establece en los humedales ayuda a ralentizar el flujo de agua. De esta manera, contribuyen a reducir los caudales máximos y, por lo tanto, el riesgo y la magnitud de las inundaciones en las comunidades cercanas”, sostuvo.

¿Qué ocurre cuando un humedal es intervenido?

La diferencia entre conservar un humedal y rellenarlo o drenarlo puede resultar determinante durante un evento meteorológico extremo. Mientras un ecosistema conservado permite retener el agua y disminuir la velocidad de una inundación, su intervención elimina justamente esas funciones de protección.

“El relleno genera una pérdida de espacio para almacenar agua por la compactación del humedal, y el drenaje elimina la capacidad de retención debido a que los canales de drenaje descargan la mayor parte del agua sobre esteros o ríos cercanos. Ambos casos pueden aumentar el riesgo de inundaciones en las zonas cercanas”, advirtió el académico UFRO.

El especialista enfatizó que durante las lluvias intensas es fundamental dejar espacio para que los ríos, esteros y humedales puedan expandirse sin provocar daños. Estas áreas naturales permiten acumular temporalmente el exceso de agua y disminuir la presión sobre las viviendas y zonas urbanizadas.

“Cuando ocupamos o rellenamos estos espacios, aumentamos nuestra exposición y el riesgo de inundaciones”, sostuvo.

Construir sobre humedales no elimina el agua

Pacheco también alertó sobre las consecuencias de levantar viviendas, caminos u otras obras en terrenos que naturalmente almacenan agua. La urbanización no hace desaparecer el recurso hídrico, sino que altera sus rutas de circulación y obliga a que se desplace hacia otros sectores, muchas veces con mayor rapidez.

“Cuando se construye, no necesariamente eliminamos el agua del sistema. Muchas veces simplemente interferimos con sus vías naturales de almacenamiento y circulación”, explicó.

En humedales donde el nivel de las aguas subterráneas se encuentra cerca de la superficie pueden producirse encharcamientos, afloramientos de agua, saturación de los terrenos y anegamiento de caminos. Además, la compactación puede provocar un descenso progresivo del suelo y generar problemas estructurales en viviendas e infraestructura.

Infraestructura natural frente al cambio climático

Ante el aumento de la frecuencia o intensidad de eventos meteorológicos extremos, los humedales deben ser considerados parte de la infraestructura natural de adaptación al cambio climático y elementos relevantes de la infraestructura verde-azul de las ciudades.

“Conservar y restaurar humedales es también una forma de fortalecer nuestra capacidad de adaptación y reducir el riesgo para las comunidades”, aseguró Pacheco.

El académico UFRO concluyó que uno de los principales errores es considerar estos ecosistemas como espacios improductivos o disponibles para la expansión urbana. Su intervención no solo implica perder biodiversidad, sino también servicios como la regulación de inundaciones, la purificación del agua y la captura de dióxido de carbono.

“En definitiva, muchas veces transformamos un espacio que nos protegía de ciertos riesgos en un territorio que puede aumentar nuestra vulnerabilidad frente a ellos”, afirmó.

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