11 de septiembre: izquierda conmemora y Kast apuesta por mirar al futuro

Gabriel Boric, exministros y dirigentes de izquierda llegaron al mausoleo de Salvador Allende, mientras La Moneda mantuvo su decisión de no realizar actos oficiales. Kast defendió su postura: “La historia no la podemos borrar”.


A 53 años del golpe de Estado de 1973, la izquierda chilena volvió a reunirse en torno a la figura de Salvador Allende, mientras el Gobierno de José Antonio Kast mantuvo su decisión de no realizar una ceremonia oficial por la fecha.

El contraste quedó expuesto durante la jornada. Mientras Gabriel Boric, exministros y dirigentes de oposición llegaron hasta el mausoleo del expresidente socialista en el Cementerio General, Kast desarrolló una agenda en terreno en la Región de Los Ríos.

Desde La Moneda defendieron que la decisión no supone borrar la historia, sino priorizar una mirada hacia el futuro. Una postura que, sin embargo, también generó cuestionamientos dentro del propio oficialismo.

Boric y la izquierda vuelven al mausoleo de Allende

Hasta el Cementerio General de Recoleta llegó el expresidente Gabriel Boric para participar en la conmemoración organizada por partidos de izquierda y organizaciones sociales en el mausoleo de Salvador Allende.

La actividad se desarrolló bajo el concepto “Democracia Siempre”, utilizado por Boric durante su administración y que volvió a marcar el tono de la jornada. Entre los asistentes estuvieron las exministras Camila Vallejo y Carolina Tohá, además de Carlos Montes y Maya Fernández. También participó la exsenadora Isabel Allende.

La presencia de Fernández tuvo un particular simbolismo. La nieta de Salvador Allende se desempeñó durante tres años como ministra de Defensa de Boric, precisamente en una cartera vinculada a las Fuerzas Armadas que participaron en el derrocamiento de su abuelo en 1973. Tras la ceremonia, Boric sostuvo que la fecha tiene una dimensión de tristeza y dolor, pero también de esperanza.

El exmandatario reivindicó el legado de Allende y de otras figuras de la izquierda chilena, planteando que las nuevas generaciones deben transformar esa memoria en acción política.

Su mensaje, aseguró, no estaba marcado por el odio ni el rencor, sino por la esperanza y la continuidad de los ideales de aquella generación. Durante su intervención, además, planteó que la importancia de la fecha no depende necesariamente de la realización de actos oficiales.

La Moneda mantuvo su decisión

La estrategia del Gobierno fue completamente diferente.

José Antonio Kast había adelantado que no contemplaba actividades especiales para conmemorar el 11 de septiembre. En su lugar, mantuvo una agenda de trabajo fuera de Santiago y llegó hasta la Región de Los Ríos.

El Ejecutivo argumentó que la fecha debe ser enfrentada con respeto, pero evitando que el país permanezca atrapado en los acontecimientos de hace más de cinco décadas. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, sostuvo que el 11 de septiembre se vive de distintas maneras en los hogares chilenos y defendió la decisión presidencial.

“La historia no la podemos borrar”, había señalado Kast previamente, una idea que volvió a desarrollar durante su visita a Corral. Desde esa localidad sostuvo que, como Presidente, su responsabilidad es impulsar políticas públicas y enfrentar los problemas que afectan actualmente a los chilenos.

El mandatario agregó que la historia genera dolores y convicciones, pero que Chile no puede quedar condenado por su pasado. “Corral también es Chile”, planteó Kast, defendiendo que estar en terreno precisamente durante una fecha histórica también podía ser entendido como una forma de ejercer la Presidencia.

La propia derecha cuestiona la ausencia de una ceremonia

La decisión de La Moneda tampoco fue respaldada de manera unánime dentro del oficialismo.

La senadora Camila Flores sostuvo que el Gobierno debió conmemorar la fecha desde la perspectiva de quienes actualmente ejercen el poder y consideró que el 11 de septiembre debía ser una oportunidad para la reflexión.

El diputado Diego Schalper, jefe de bancada de Renovación Nacional, también planteó que la jornada pudo haber servido para realizar un “hito reflexivo”. Las críticas muestran que el debate no se reduce simplemente a una disputa entre izquierda y derecha.

Dentro del oficialismo existen sectores que consideran necesario mantener una instancia institucional de reflexión sobre el quiebre democrático, aunque con una mirada distinta a la de la izquierda.

El vicepresidente del Senado, Iván Moreira, en cambio, consideró comprensible que el Gobierno priorizara una perspectiva de futuro y cuestionó que el país continúe concentrándose en el pasado.

Dos maneras de enfrentar una misma fecha

La jornada terminó exponiendo dos relatos políticos claramente diferenciados. Por una parte, la izquierda utilizó el aniversario para reivindicar la figura de Allende, recordar a las víctimas de la dictadura y reforzar el concepto de memoria democrática.

Por otra, La Moneda optó por no organizar una ceremonia oficial y presentar el trabajo en terreno como una señal de que el Gobierno pretende mirar hacia los próximos años. Entre ambos discursos aparece una zona intermedia que incluso algunos dirigentes oficialistas reivindican: recordar el pasado, pero hacerlo desde una perspectiva institucional y de reflexión democrática.

A 53 años del golpe, la discusión vuelve a mostrar que el 11 de septiembre continúa siendo una de las fechas más divisivas de la política chilena. La diferencia esta vez está también en el escenario institucional: mientras la izquierda convirtió la memoria de Allende en un acto político, el Gobierno de Kast decidió que su respuesta fuera otra.

No borrar la historia, pero tampoco convertirla en destino. Esa es la tesis con la que La Moneda enfrenta este aniversario, una definición que todavía genera debate incluso entre quienes forman parte de su propio sector.

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