Las elecciones de Brasil, las legislativas estadounidenses y los comicios generales españoles ponen a prueba la proyección internacional de la derecha radical. Sus resultados podrían modificar los equilibrios políticos, aunque los escenarios y sus consecuencias institucionales son diferentes.
Tres procesos electorales concentran la atención internacional durante las próximas semanas. Brasil celebra este 25 de octubre la segunda vuelta presidencial entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro; Estados Unidos acudirá a las urnas el 3 de noviembre para renovar parte del Congreso; y España celebrará elecciones generales el 29 de noviembre.
Aunque cada país tiene su propia realidad política, los tres procesos plantean una interrogante común: hasta dónde puede avanzar la derecha radical y qué capacidad tendrán sus adversarios para contenerla en las urnas.
Una eventual victoria de Lula mantendría a Brasil bajo un gobierno de izquierda. En España, el resultado determinará la composición del Congreso y las posibilidades de formar una mayoría parlamentaria. En Estados Unidos, las elecciones de medio término pondrán a prueba el respaldo político al presidente Donald Trump y definirán el equilibrio de fuerzas legislativas.
Brasil: una disputa que trasciende sus fronteras
La segunda vuelta presidencial brasileña enfrenta a Lula con Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La votación de este domingo se desarrolla en un escenario de fuerte polarización y con implicaciones para el equilibrio político latinoamericano.
Un sondeo de Ipespe/Abrapel, publicado el 23 de octubre, situó a Flávio Bolsonaro con el 50,5% de los votos válidos y a Lula con el 49,5%. La diferencia se encontraba dentro del margen de error de 2,6 puntos porcentuales, por lo que el estudio describía una disputa técnicamente empatada.
El resultado electoral definirá si Lula continúa al frente del Ejecutivo o si el bolsonarismo regresa al poder mediante una nueva candidatura. Más allá del desenlace, la contienda refleja la persistencia de dos proyectos políticos enfrentados en la mayor economía de América Latina.
Para la región, el resultado también tendrá implicaciones diplomáticas. Una continuidad del gobierno de Lula mantendría a Brasil entre los principales referentes latinoamericanos de izquierda. Una victoria de Flávio Bolsonaro, en cambio, abriría una nueva etapa en las relaciones políticas de Brasil con Estados Unidos y otros gobiernos de orientación conservadora.
España: las encuestas y el desafío de las mayorías
En España, las elecciones generales del 29 de noviembre se desarrollarán en medio de una disputa marcada por la polarización política y las dificultades para articular mayorías parlamentarias.
El promedio de encuestas publicado por RTVE el 20 de octubre proyectaba 135 escaños para el Partido Popular (PP) y 65 para Vox. En conjunto, ambas formaciones alcanzarían 200 diputados, por encima de los 176 necesarios para la mayoría absoluta en el Congreso.
El mismo promedio situaba al PSOE en 106 escaños. Las proyecciones reflejan las dificultades de las fuerzas progresistas para conservar una mayoría suficiente, aunque los sondeos no determinan el resultado definitivo de las elecciones.
La confrontación también adquirió una dimensión internacional tras las declaraciones del presidente argentino, Javier Milei, quien durante una visita a Madrid calificó a Pedro Sánchez de “impresentable dictador” y llamó a sacar a los socialistas del poder “a patadas”. Sus palabras provocaron críticas y reacciones diplomáticas.
El episodio volvió a situar el conflicto ideológico entre la izquierda y la derecha en el centro del debate público. Sin embargo, el rechazo a determinados discursos no garantiza por sí mismo una mayoría electoral. Para sostener un proyecto de gobierno, las fuerzas progresistas necesitarán articular acuerdos y responder a las preocupaciones de sus electores.
Estados Unidos: el Congreso como contrapeso a Trump
En Estados Unidos, las elecciones de medio término del 3 de noviembre renovarán la Cámara de Representantes y una parte del Senado. El resultado determinará si los republicanos mantienen el control de ambas cámaras o si los demócratas consiguen modificar el equilibrio legislativo.
Una encuesta de Reuters/Ipsos publicada el 19 de octubre situó la aprobación de Donald Trump en el 31%. En la consulta nacional sobre la preferencia partidaria para el Congreso, los demócratas registraron un 47%, frente al 35% de los republicanos entre los votantes registrados.
Estos datos reflejan el clima político previo a las elecciones, pero no permiten anticipar por sí solos la composición final del Congreso. La competencia por los escaños depende también de las condiciones particulares de cada estado y distrito.
Si los demócratas obtienen el control de una o ambas cámaras, podrían intensificar la fiscalización de la administración Trump y dificultar parte de su agenda legislativa. Una pérdida del Senado también complicaría el proceso de confirmación de determinados nombramientos. No obstante, el presidente conservaría sus atribuciones ejecutivas y la facultad de veto.
El resultado tendrá consecuencias más allá de las fronteras estadounidenses. Trump es una figura central para distintos movimientos conservadores y nacionalistas, por lo que un cambio en el equilibrio del Congreso podría modificar el margen político con que impulsa sus prioridades.
Tres elecciones, escenarios distintos
La coincidencia de estos procesos electorales permite observar las distintas formas en que se disputa el poder político. En Brasil está en juego la continuidad de un gobierno; en España, la composición del Parlamento y la posibilidad de formar una mayoría; y en Estados Unidos, el equilibrio legislativo durante la segunda mitad del mandato presidencial.
Una secuencia de resultados adversos para las fuerzas de derecha radical podría cuestionar la percepción de que su expansión internacional es inevitable. Sin embargo, las diferencias entre los sistemas políticos impiden interpretar las tres elecciones como una única contienda.
Tampoco una eventual derrota electoral supondría, por sí sola, el inicio de un nuevo ciclo progresista. Para convertir los resultados en una alternativa duradera, los partidos deberán responder a las preocupaciones económicas y sociales, reconstruir la confianza ciudadana y demostrar capacidad de gobierno.
Las urnas pueden alterar los equilibrios políticos. La consolidación de cualquier proyecto, en cambio, dependerá de sus resultados, sus acuerdos y su capacidad para responder a las demandas de la sociedad.

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