Por Guilherme Joventino, COO de MIGNOW
Históricamente, la discusión sobre la modernización tecnológica se ha centrado principalmente en una pregunta: ¿qué necesita actualizarse? Las empresas analizaban sus sistemas heredados, evaluaban nuevas tecnologías y definían qué plataformas serían capaces de sostener los próximos ciclos del negocio.
Esta pregunta sigue siendo relevante, pero ya no es suficiente. Ante la velocidad de las transformaciones tecnológicas y la creciente presión por la eficiencia, CIOs, CFOs y líderes empresariales también necesitan responder a otra cuestión: ¿cómo ejecutar esta modernización con velocidad, previsibilidad y menor riesgo?
La diferencia es importante. La modernización no implica únicamente elegir una tecnología o definir el alcance de un proyecto. El modelo de ejecución ha pasado a influir directamente en los plazos, los costos, la continuidad operativa y la capacidad de generar retorno para el negocio.
Los proyectos de migración y actualización de entornos SAP se han desarrollado sobre la base de grandes equipos especializados y una cantidad significativa de actividades manuales. En sistemas altamente complejos, esta lógica creó una dependencia natural del conocimiento individual de los profesionales responsables de ejecutar, revisar y validar las diferentes etapas.
La experiencia humana sigue siendo indispensable. El problema surge cuando especialistas altamente calificados necesitan dedicar una parte relevante de su tiempo a actividades repetitivas que podrían automatizarse. Cuanto mayor es esta dependencia, mayor tiende a ser la exposición al retrabajo, a las variaciones en la ejecución y a las dificultades de escalabilidad.
Este desafío adquiere otra dimensión en un mercado que enfrenta escasez de profesionales especializados y que, al mismo tiempo, necesita acelerar sus proyectos de modernización. En América Latina, las empresas conviven con sistemas heredados, presión por la eficiencia y una creciente necesidad de preparar sus entornos para nuevas aplicaciones de datos e inteligencia artificial. En este contexto, la capacidad de ejecución deja de ser una cuestión operativa y pasa a ser estratégica.
Es en este punto donde la automatización cambia de papel.
Automatizar no significa simplemente hacer la misma tarea más rápido. Significa transformar actividades que dependían exclusivamente de horas de trabajo humano en procesos más estructurados, repetibles y predecibles. Esto permite que los especialistas concentren su trabajo donde su conocimiento realmente genera más valor: arquitectura, gobernanza, análisis de riesgos, decisiones estratégicas y evolución de los entornos.
La tecnología, por lo tanto, no sustituye la experiencia. Permite aplicar esa experiencia a escala.
Este cambio también modifica la forma en que se evalúan los proyectos. Durante mucho tiempo, una de las principales preguntas era cuántas personas serían necesarias para ejecutar una determinada transformación. En un modelo más automatizado, la discusión pasa a incluir cuánto de ese esfuerzo realmente necesita ser manual.
La cuestión adquiere especial relevancia ante la presión por modernizar los entornos SAP. La proximidad del fin del soporte estándar de SAP ECC en 2027 concentra un gran volumen de proyectos en una ventana cada vez más estrecha. El desafío no radica únicamente en la decisión de migrar, sino en la capacidad disponible para ejecutar tantas transformaciones de manera simultánea.
Si esta demanda depende exclusivamente del crecimiento proporcional de los equipos especializados, existe un límite natural de escala. La automatización ayuda a romper esta relación al permitir que los profesionales concentren su trabajo en las etapas que realmente requieren criterio, experiencia y toma de decisiones.
Para los CIOs, esto modifica los criterios de evaluación de una modernización. La capacidad técnica sigue siendo fundamental, pero el tiempo de implementación, la integración, la continuidad del negocio, la disponibilidad de especialistas y el riesgo operativo han adquirido un peso similar.
Para los CFOs, surgen otras preguntas: ¿cuánto será necesario invertir, durante cuánto tiempo y con qué grado de previsibilidad?
Por eso, la previsibilidad quizá sea uno de los atributos más importantes de esta nueva etapa. Los procesos más estructurados y repetibles permiten dimensionar mejor los recursos, identificar desviaciones y reducir las incertidumbres relacionadas con los plazos. En proyectos que sostienen operaciones financieras, logísticas, comerciales o productivas, la previsibilidad no representa únicamente eficiencia. Representa gestión de riesgos.
El escenario exige un cambio en la forma en que las empresas dimensionan su capacidad de ejecución. Con un volumen creciente de actualizaciones y nuevas demandas sobre los entornos SAP, depender del aumento proporcional de los equipos especializados tiende a ser cada vez menos viable. El desafío pasa a ser ampliar la capacidad de entrega sin aumentar, en la misma proporción, la dependencia de actividades manuales.
Después de la migración a SAP S/4HANA, las organizaciones seguirán necesitando incorporar nuevas funcionalidades, avanzar en estrategias de Clean Core, explorar aplicaciones de inteligencia artificial y mantenerse al día con las nuevas versiones del sistema. La transformación tecnológica pasa, por lo tanto, a funcionar como un proceso continuo de evolución.
La inteligencia artificial acelera este movimiento. Al ampliar la capacidad de analizar información, identificar patrones y apoyar la toma de decisiones, añade una nueva capa a la automatización. La tendencia es que la experiencia especializada, la automatización y la IA actúen de manera cada vez más integrada.
Para las empresas en México, Colombia y otros mercados latinoamericanos, esta discusión adquiere importancia ante la necesidad de acelerar los proyectos de modernización sin aumentar, en la misma proporción, los costos, los equipos y los riesgos de ejecución. Modernizar sistemas no es un fin en sí mismo. El valor está en la posibilidad de responder más rápidamente a los cambios del mercado y a las necesidades del negocio.
Por eso, la automatización ha dejado de ser únicamente una herramienta para reducir el esfuerzo operativo. Se ha convertido en uno de los criterios para evaluar la propia viabilidad de una transformación.
La próxima etapa de la modernización tecnológica estará menos definida por la oposición entre personas y máquinas y más por la capacidad de combinar ambas. Los especialistas seguirán siendo fundamentales, pero su conocimiento deberá utilizarse donde realmente marque la diferencia, mientras que las actividades repetitivas pasarán a ejecutarse a escala mediante la tecnología.
Para CIOs y CFOs, esto cambia la pregunta. No basta con evaluar qué tecnología adoptar. Es necesario entender si el modelo elegido ofrece la velocidad, previsibilidad, escala y control suficientes para acompañar el ritmo de transformación que exige el negocio.
En una ventana de modernización cada vez más estrecha, quizá la cuestión ya no sea si vale la pena automatizar. La pregunta es cuánto cuesta seguir ejecutando la transformación al mismo ritmo de antes.

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