El “reloj del habla”: cómo las pausas y el tono pueden revelar el envejecimiento cerebral

Tu voz podría revelar más sobre tu edad biológica de lo que imaginas. Una investigación con 2.928 personas de Latinoamérica utilizó inteligencia artificial para analizar pausas, tono, velocidad y lenguaje, encontrando señales asociadas al envejecimiento cerebral y al deterioro cognitivo.


Un estudio publicado en Science Advances analizó a 2.928 personas de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú y desarrolló mediante inteligencia artificial un modelo capaz de estimar la edad cronológica a partir de la forma de hablar. La investigación encontró que la diferencia entre la edad real y la “edad del habla” se relaciona con indicadores de salud cerebral, rendimiento cognitivo, condiciones sociales y demencia.

La manera en que una persona habla podría entregar información sobre su proceso de envejecimiento que va mucho más allá de los datos que aparecen en su documento de identidad. La velocidad al hablar, las pausas, el tono de voz, el vocabulario y hasta la forma de organizar las ideas parecen contener señales relacionadas con el estado del cerebro y del organismo.

Esa es la principal conclusión de una investigación internacional publicada en Science Advances, que analizó registros de voz y lenguaje de 2.928 personas hispanohablantes de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú.

El equipo desarrolló un modelo de inteligencia artificial al que denominaron un “reloj del habla”. Su objetivo fue estimar la edad de una persona a partir de diferentes características acústicas y lingüísticas y luego comparar ese resultado con su edad cronológica.

Cuando la voz parece más vieja que la edad

El modelo incorporó cientos de variables relacionadas con la manera en que las personas se expresan. Entre ellas estuvieron la velocidad del habla, la duración y frecuencia de las pausas, características del tono de voz, vocabulario y organización del discurso.

Con esos datos, los investigadores calcularon una diferencia entre la edad cronológica de cada participante y la edad estimada por su habla.

El resultado fue especialmente interesante cuando esa edad estimada era superior a la edad real.

Una “edad del habla” más avanzada se relacionó con indicadores de envejecimiento cerebral obtenidos mediante neuroimágenes y con medidas de envejecimiento biológico basadas en modificaciones químicas del ADN.

También se observaron asociaciones con un menor desempeño en pruebas de memoria, funciones ejecutivas y capacidad cognitiva general. Algunas de estas evaluaciones no dependían directamente del lenguaje, lo que refuerza la posibilidad de que las señales detectadas en el habla estén relacionadas con procesos más amplios del funcionamiento cerebral.

La señal también apareció en personas con demencia

La investigación incluyó adultos sanos y personas con deterioro cognitivo leve, enfermedad de Alzheimer y diferentes formas de demencia frontotemporal.

El “reloj del habla” mostró diferencias entre los grupos y, en las personas con enfermedad de Alzheimer, la medida se relacionó con mayores niveles de p-tau217 en sangre, un biomarcador asociado a esta enfermedad.

Los investigadores también encontraron una conexión entre el envejecimiento acelerado del habla y las experiencias sociales acumuladas durante la vida.

Condiciones relacionadas con la educación, la situación económica, la seguridad alimentaria y el acceso a la atención de salud estuvieron asociadas con una mayor edad del habla respecto de la edad cronológica.

Para los autores, esto plantea una idea relevante: la voz no solamente podría reflejar el paso del tiempo, sino también una combinación de factores relacionados con la cognición, el cerebro, la biología y el entorno social.

“Nuestra voz parece contener mucha más información sobre el envejecimiento de la que reconocíamos hasta ahora. Refleja tanto el paso del tiempo como señales provenientes de la cognición, el cerebro, la biología del organismo e incluso del entorno social que hemos acumulado”, señaló Agustín Ibáñez, director científico de BrainLat de la Universidad Adolfo Ibáñez, profesor de salud cerebral del Global Brain Health Institute y de la Escuela de Medicina de Trinity College Dublin, además de autor principal del estudio.

Una posible herramienta para detectar señales de riesgo

Uno de los aspectos que vuelve especialmente interesante esta investigación es la posibilidad de utilizar grabaciones de voz como una fuente relativamente sencilla de información.

En lugares donde el acceso a neuroimágenes, análisis moleculares u otras evaluaciones especializadas es limitado, una herramienta basada en inteligencia artificial podría eventualmente contribuir a identificar personas que necesitan evaluaciones más completas.

Pero existe una diferencia fundamental entre detectar una señal y realizar un diagnóstico.

Los autores advierten que el “reloj del habla” todavía no constituye una prueba diagnóstica de demencia. El estudio fue principalmente transversal, por lo que sus resultados no permiten determinar si una persona cuya habla presenta una edad superior a la cronológica desarrollará deterioro cognitivo en el futuro.

Para avanzar hacia una eventual aplicación clínica serán necesarios estudios longitudinales, seguimiento de los participantes durante varios años y nuevas validaciones en otras lenguas, culturas y contextos de conversación.

Por ahora, la investigación abre una nueva ventana sobre una capacidad que todos utilizamos diariamente: hablar. Detrás de una pausa más larga, un cambio en el ritmo o una dificultad para encontrar una palabra podría existir información sobre el funcionamiento del cerebro que hasta hace poco resultaba prácticamente invisible.

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