El expresidente respaldó la incorporación de Chile a la iniciativa impulsada por Estados Unidos para enfrentar el crimen organizado transnacional. Su postura contrasta con la de Bachelet y Boric y abrió nuevas diferencias en el mundo político sobre seguridad, autonomía exterior y los alcances de la cooperación con Washington.
El debate sobre la incorporación de Chile al denominado “Escudo de las Américas” sumó una nueva arista luego de que el expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle respaldara públicamente la participación del país en esta iniciativa de cooperación impulsada por Estados Unidos para enfrentar el crimen organizado transnacional.
A través de una carta publicada en El Mercurio, Frei defendió la decisión del Gobierno de José Antonio Kast y sostuvo que Chile no puede enfrentar de manera aislada a organizaciones criminales que operan más allá de las fronteras.
“Chile no puede quedarse al margen”, planteó el exmandatario, quien destacó entre los posibles beneficios de la iniciativa el intercambio de información, el análisis de datos, la capacitación de las policías y una mayor coordinación fronteriza.
La posición de Frei marca una diferencia con los también expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric, quienes cuestionaron la incorporación de Chile y pidieron al Gobierno reconsiderar su permanencia en la iniciativa. Ambos han planteado que la cooperación internacional contra el crimen organizado debe avanzar sin comprometer la autonomía de las decisiones del país.
Seguridad versus autonomía de la política exterior
La discusión dejó de ser únicamente una diferencia sobre una herramienta de seguridad. En el fondo aparece un debate más amplio sobre cómo debe relacionarse Chile con Estados Unidos en un escenario internacional marcado por una creciente disputa geopolítica.
Frei puso el acento en la dimensión práctica del acuerdo. En su carta sostuvo que la cooperación permitiría fortalecer la capacidad del Estado para enfrentar organizaciones dedicadas al narcotráfico y otras expresiones del crimen organizado, además de mejorar la persecución de sus rutas financieras y logísticas.
Bachelet y Boric, en cambio, han centrado sus reparos en la necesidad de resguardar la autonomía de la política exterior chilena.
La diferencia, por tanto, no se limita a estar a favor o en contra de cooperar contra el crimen. La pregunta que queda instalada es qué tipo de cooperación acepta Chile, cuáles son sus límites y qué consecuencias puede tener su participación en una iniciativa promovida desde Washington.
El debate también adquiere relevancia porque la iniciativa ha generado cuestionamientos sobre sus eventuales alcances en materias que excederían la cooperación estrictamente policial, incluyendo dimensiones económicas, estratégicas y militares. Esos alcances son precisamente parte de las diferencias que han surgido entre sus defensores y detractores.
Reacciones divididas en el Congreso
La intervención de Frei rápidamente generó reacciones en el Parlamento.
Desde la UDI, el diputado Guillermo Ramírez valoró la postura del exmandatario y sostuvo que Frei tiene razón al respaldar la adhesión de Chile.
Desde una posición contraria, el diputado Gonzalo Winter, del Frente Amplio, cuestionó que el expresidente respalde actualmente una iniciativa que, a su juicio, no habría contado con su apoyo durante su administración.
Winter planteó que existiría una contradicción con las políticas de apertura internacional impulsadas durante el gobierno de Frei y advirtió que los alcances de la iniciativa no serían exclusivamente policiales, sino que también podrían involucrar dimensiones económicas y militares.
La diferencia también abrió un nuevo flanco dentro de la Democracia Cristiana. Desde la bancada de diputados DC se ha marcado distancia con la posición expresada por el exmandatario, señalando que no representa la postura de sus parlamentarios.
Así, la discusión por el “Escudo de las Américas” comienza a tensionar incluso a sectores políticos que históricamente compartieron determinadas visiones sobre la política exterior chilena.
Frei y su respaldo al Gobierno de Kast
Desde el análisis político, Marco Moreno sostuvo que la posición de Frei rompe con la imagen de una postura común entre los expresidentes frente al actual Gobierno.
Según su interpretación, el respaldo del exmandatario constituye también una señal de apoyo político al Gobierno de José Antonio Kast desde fuera de su sector.
Moreno también diferenció las razones que están detrás de las posiciones de los exmandatarios. Mientras Frei estaría evaluando la iniciativa principalmente desde su utilidad para enfrentar el crimen organizado, Bachelet y Boric han concentrado sus reparos en la autonomía de la política exterior chilena.
El contexto político tampoco es menor. Frei fue designado este año por el Gobierno de Kast como embajador en misión especial, ad honorem, lo que ha añadido una dimensión política a su actual respaldo a la estrategia internacional del Ejecutivo.
Una discusión que recién comienza
La postura de Eduardo Frei vuelve a poner en movimiento un debate que difícilmente quedará circunscrito a las declaraciones de los expresidentes.
Por una parte, sus defensores sostienen que Chile enfrenta una amenaza transnacional que requiere cooperación, intercambio de información y coordinación con otros países. Por otra, sus críticos advierten que la lucha contra el crimen organizado no debería traducirse en compromisos que puedan limitar la autonomía de la política exterior o incorporar al país en una arquitectura estratégica cuyo alcance todavía genera controversia.
En ese escenario, la discusión que enfrenta Chile no es solamente si debe cooperar o no contra el crimen organizado. La cuestión de fondo es cómo hacerlo, con qué límites y bajo qué condiciones, particularmente cuando la iniciativa es impulsada por Estados Unidos y se desarrolla en medio de una disputa geopolítica cada vez más visible.
La carta de Frei, en ese sentido, no solo expresa una diferencia respecto de Bachelet y Boric. También evidencia que el histórico consenso chileno en torno a determinadas líneas de política exterior enfrenta nuevas tensiones bajo el Gobierno de Kast.
El debate ahora deberá determinar hasta dónde llega la cooperación, qué compromisos concretos implica para Chile y cómo se compatibiliza esa participación con la autonomía que históricamente ha defendido la política exterior del país.

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