Viviana Diaz Carvallo

Docente Ufro Psicopedagoga

Presidenta Fundación Karün


Pateando piedras en la era digital

Hay algo profundamente contradictorio en el país que estamos construyendo. Hablamos de inteligencia artificial, de los empleos del futuro y de preparar a nuestros niños para un mundo cada vez más digital. Pero el Presupuesto 2027 deja en cero el programa “Yo Elijo mi PC”.

En La Araucanía, más de 5.500 estudiantes de séptimo básico no recibirían el próximo año un computador que, para muchos, habría sido el primero de su vida. No es una suposición. En agosto, el propio seremi de Educación reconoció que para muchos estudiantes se trataba de su primer computador o del reemplazo de uno que compartía toda la familia. Dos meses después, el mismo gobierno decide terminar el programa.

La pregunta es inevitable: ¿cómo vamos a preparar a un niño para la era de la inteligencia artificial si ni siquiera sabemos si tendrá un computador para aprender?

La ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, ha promovido la tecnología, la innovación y la inteligencia artificial como parte del camino de Chile. Comparto ese horizonte. Pero hay una paradoja difícil de ignorar; mientras hablamos de preparar a las nuevas generaciones para el futuro digital, estamos quitando una herramienta básica a miles de estudiantes. Incluso los computadores entregados este año incorporaban herramientas de inteligencia artificial.

El futuro no comienza en un laboratorio. Comienza cuando un niño puede abrir su propio computador.

La pandemia nos dejó una lección que no deberíamos olvidar. Cuando las escuelas cerraron, el computador se convirtió, literalmente, en la sala de clases. Familias compartiendo un celular, niños buscando señal fuera de sus casas y estudiantes intentando aprender con guías impresas nos mostraron que la brecha digital también es una brecha educativa.

Por eso preocupa que una política pública sostenida durante 17 años por gobiernos de distintos signos desaparezca de un día para otro. Y preocupa también la forma en que se justifica. Consultado por la decisión, el ministro de Hacienda señaló que no recordaba el programa en particular, aunque aseguró que “seguro tenía hallazgos”.

Sí, el programa ha sido evaluado y tiene aspectos que deben mejorar. Si existen problemas de focalización, impacto o acompañamiento, corrijámoslos. Evaluar una política pública debería servir para hacerla mejor, no necesariamente para hacerla desaparecer.

Y aquí los datos importan. La Araucanía registra la mayor pobreza por ingresos del país, con un 28,6% según la Casen 2024. A eso se suma una profunda brecha territorial y digital, especialmente en las zonas rurales.

En una familia donde apenas alcanza para lo básico, comprar un computador no es una prioridad posible. No porque no sea importante, sino porque no se puede.

Para un estudiante de Ercilla, Lumaco, Curarrehue o de cualquier comunidad rural de nuestra región, recibir un computador significa entonces mucho más que recibir un dispositivo; significa acceder a una oportunidad que de otra manera puede quedar fuera de su alcance.

El desafío no es elegir entre tecnología y responsabilidad fiscal. Podemos mejorar la focalización, asegurar conectividad rural, sumar acompañamiento pedagógico y formación docente. Podemos rediseñar el programa.

Lo que no podemos es hablar de inteligencia artificial, innovación y empleos del futuro mientras miles de niños comienzan esa carrera varios metros atrás.

Los hijos de las familias con recursos seguirán teniendo computador, internet y acceso a las nuevas tecnologías en sus casas. La pregunta es qué pasará con los demás.

El Presupuesto todavía se discute en el Congreso. Aún estamos a tiempo de revisar esta decisión.

Porque un presupuesto no es solo una planilla de ingresos y gastos. Es una declaración de prioridades.

Y cuando se trata de nuestras niñas y niños, la pregunta que deberíamos hacernos es sencilla:

¿Estamos ahorrando hoy o estamos hipotecando el futuro?

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