Más de 23.400 niños chilenos figuran en registros oficiales como enviados al extranjero, en una trama de separaciones y presuntas apropiaciones que aún deja a miles de familias sin respuestas. La Fundación Hijos y Madres del Silencio firmó un acuerdo histórico con Abuelas de Plaza de Mayo para impulsar la búsqueda, mientras el desmantelamiento de una unidad estatal reabre las dudas sobre el compromiso del Gobierno con la verdad y la reparación.
La búsqueda de hijos e hijas separados de sus familias durante la dictadura de Augusto Pinochet sumó un nuevo capítulo internacional. La Fundación Hijos y Madres del Silencio (FHMS), organización chilena dedicada a encontrar a personas que habrían sido sustraídas de sus familias de origen, firmó en Buenos Aires un convenio de cooperación con Abuelas de Plaza de Mayo, referente internacional en la búsqueda de niños apropiados durante la última dictadura argentina.
El acuerdo busca fortalecer el trabajo conjunto, intercambiar experiencias y avanzar en la identificación de personas que desconocen sus orígenes. La iniciativa cobra especial relevancia ante la magnitud de los antecedentes recopilados en Chile y las dificultades que enfrentan numerosas familias para esclarecer lo ocurrido con sus hijos.
La información fue publicada por el medio argentino Página 12, en un reportaje del periodista Manuel Barrientos.
El relato de una madre que nunca pudo despedir a su hijo
En febrero de 1974, cinco meses después del golpe de Estado, Amelia Flores dio a luz a su hijo Fernando en el Hospital Parroquial de San Bernardo. Según su testimonio, el personal médico le comunicó dos horas después que el recién nacido había muerto, pero nunca le mostró el cuerpo.
Flores relató que recibió una inyección que la mantuvo dormida durante tres días. A su esposo, en tanto, le entregaron un ataúd cerrado y le informaron que el servicio funerario ya estaba pagado.
Durante décadas, la familia convivió con la versión entregada por el hospital. Sin embargo, en 2020, Amelia vio por televisión el testimonio de una mujer que describía una experiencia similar. Ese momento la llevó a comprender que su historia podía formar parte de un fenómeno que afectó a otras familias chilenas.
Fue entonces cuando se acercó a la Fundación Hijos y Madres del Silencio, organización que reúne a madres que buscan a sus hijos y a personas adultas que intentan reconstruir su identidad.
La historia de Amelia se convirtió así en parte de una búsqueda colectiva que traspasa las fronteras de Chile.
Más de 23.400 niños figuran en registros oficiales
La Fundación Hijos y Madres del Silencio surgió en 2014 como un grupo de Facebook y, con el tiempo, se transformó en un espacio de apoyo y coordinación para personas que intentan conocer sus orígenes.
De acuerdo con los antecedentes consignados por Página 12, los registros oficiales consolidados a partir de denuncias presentadas ante la justicia chilena identifican a más de 23.400 niños enviados al extranjero. Investigadores vinculados a estas búsquedas estiman que la cifra real podría ser considerablemente mayor, aunque esa proyección no constituye un registro confirmado.
La organización ha detectado casos de personas de origen chileno en alrededor de veinte países. Entre los destinos mencionados se encuentran Estados Unidos, Suecia, Italia, Francia y Dinamarca, además de otros países de Europa y Oceanía.
El reportaje recoge testimonios que apuntan a separaciones ocurridas en contextos de vulnerabilidad social y económica. También plantea posibles mecanismos de intermediación en los que habrían participado integrantes de instituciones religiosas, antecedentes que requieren investigación y esclarecimiento individual.
Para las familias, uno de los principales obstáculos sigue siendo la falta de información verificable sobre las circunstancias de las separaciones, la identidad de los niños y los procedimientos utilizados para trasladarlos al extranjero.
Una deuda pendiente del Estado chileno
La búsqueda también ha estado marcada por las demandas de reconocimiento y respuesta institucional. En 2019, una comisión investigadora de la Cámara de Diputados abordó antecedentes sobre adopciones irregulares y vulneraciones de derechos humanos. Posteriormente, la Corte Suprema designó un equipo para abordar la causa penal, según la información publicada por el medio argentino.
Durante el gobierno de Gabriel Boric se creó una unidad de búsqueda destinada a avanzar en esta materia. Sin embargo, el reportaje de Página 12 señala que esta unidad fue desmantelada tras la llegada al poder de José Antonio Kast.
Este antecedente vuelve a poner en el centro del debate la continuidad de las políticas públicas destinadas a esclarecer las denuncias, localizar a las personas afectadas y acompañar a sus familias.
Para las organizaciones y quienes buscan a sus seres queridos, la tarea no se limita a encontrar a una persona. También implica reconstruir historias familiares, acceder a documentos, esclarecer posibles responsabilidades y garantizar el derecho a la identidad.
Abuelas de Plaza de Mayo: una experiencia que cruza fronteras
La firma del convenio en Buenos Aires representa un paso relevante para la Fundación Hijos y Madres del Silencio, que busca fortalecer sus herramientas de investigación y acompañamiento mediante la experiencia acumulada por Abuelas de Plaza de Mayo.
Por la organización argentina firmaron la vicepresidenta Buscarita Roa, nacida en Chile, y el secretario Manuel Gonçalves, nieto cuya identidad fue restituida. Por la fundación chilena participaron su presidenta y fundadora, Marisol Rodríguez; la periodista Ana María Olivares; María del Carmen García Castro y Amelia Flores.
García Castro destacó la importancia de contar con el apoyo de una organización reconocida internacionalmente por su trabajo en la búsqueda de niños apropiados durante la dictadura argentina. “Nosotros no podemos inventar la pólvora”, señaló, aludiendo a la experiencia que Abuelas puede aportar a la causa chilena.
La historia de Amelia también refleja el paso del tiempo y la necesidad de mantener viva la búsqueda. A sus 72 años, esta matemática espera encontrar a Fernando y confía en que el trabajo de la fundación y la cooperación con Abuelas permita que sus hijas y nietos puedan continuar la búsqueda si ella no alcanza a conocer el desenlace.
El acuerdo abre una nueva vía de colaboración para las familias chilenas que siguen esperando respuestas. Para ellas, cada antecedente recuperado puede acercarlas a conocer la verdad sobre sus orígenes y reconstruir vínculos que permanecieron ocultos durante décadas.

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