“Me abrió las puertas del mundo”: las historias de quienes recibieron un computador con “Yo Elijo Mi PC”

Durante 17 años, el programa entregó computadores a estudiantes de séptimo básico de todo Chile. Para muchos, fue el primer equipo propio y una herramienta que permitió estudiar, acceder a información y descubrir nuevas oportunidades. El proyecto de Presupuesto 2027 no contempla recursos identificables para darle continuidad, lo que abrió un debate sobre sus efectos y el acceso a tecnología.


Para un estudiante de séptimo básico, recibir un computador puede parecer simplemente la posibilidad de tener un equipo propio. Para algunas familias, sin embargo, significó algo bastante más profundo: acceder por primera vez a una herramienta que hasta entonces estaba fuera de sus posibilidades económicas.

Durante 17 años, esa escena se repitió prácticamente en todo Chile. Estudiantes con uniforme subían a escenarios, recibían una caja y se llevaban a sus casas un computador que, en muchos casos, se convertiría en el primero del hogar.

La política pública comenzó durante el primer gobierno de Michelle Bachelet y atravesó administraciones de distintos sectores políticos. Con cambios de nombre, cobertura y criterios de selección, la idea central se mantuvo: facilitar el acceso a tecnología a estudiantes que no necesariamente podían contar con un computador en sus hogares.

Este año, el beneficio alcanzó a 96.100 escolares. Sin embargo, el proyecto de Ley de Presupuestos 2027 no contempla recursos identificables para mantener el programa, abriendo una discusión sobre sus resultados y sobre el impacto que tuvo en quienes fueron beneficiarios.

Detrás de las cifras aparecen historias como las de Carlos, Florencia y Alexandra. Tres estudiantes que recibieron un computador durante su etapa escolar y que, años después, recuerdan aquella herramienta como una pieza importante de sus trayectorias.

“Me abrió las puertas del mundo”

14 de junio de 2018 / ALTO HOSPICIO
FOTO : CRISTIAN VIVERO BOORNES/ AGENCIAUNO

Carlos tenía 12 o 13 años cuando, en 2009, subió al escenario de un colegio de La Florida para recibir uno de los primeros computadores del programa.

Podía escoger entre un notebook y un computador de escritorio, además de seleccionar el modelo y el sistema operativo. Para su familia, tener un equipo propio no era una posibilidad sencilla.

Su abuela trabajaba y su padre era independiente. Cumplían con los requisitos socioeconómicos establecidos por el programa y Carlos también tenía las calificaciones necesarias para acceder al beneficio.

En aquella época, contar con conexión a internet tampoco era algo garantizado.

“Uno dependía exclusivamente de poder estudiar en un ciber, que obviamente tenía un costo por hora que era elevado para los ingresos de la casa”, recuerda.

El computador cambió esa dinámica.

Primero tuvo que arreglárselas para encontrar conexión a internet. Posteriormente, su familia consiguió uno de los primeros módem USB que comenzaban a masificarse.

Desde entonces comenzó a investigar por su cuenta, leer y aprender sobre tecnología.

“Me dio independencia. Me abrió las puertas del mundo”, recuerda.

Años después, esa curiosidad terminó vinculándose directamente con su vida laboral.

Carlos actualmente trabaja como creador de contenidos. Prueba automóviles, graba videos y publica análisis en redes sociales. Computadores, cámaras, edición, plataformas digitales y tecnología forman parte de su trabajo cotidiano.

El computador que recibió cuando era estudiante terminó convirtiéndose, en retrospectiva, en una primera aproximación a un mundo del que posteriormente haría su profesión.

De un computador amarillo a estudiar Odontología

Florencia también estaba en séptimo básico cuando recibió su primer computador.

Hasta entonces, realizar una investigación para Lenguaje o Historia implicaba conseguir un equipo prestado, utilizar uno disponible en la biblioteca del colegio o pagar por algunas horas en un cibercafé.

Sus padres hacían esfuerzos para entregarle las herramientas necesarias para estudiar, pero comprar un computador representaba un gasto difícil de asumir.

Por eso, cuando recibió el equipo, Florencia recuerda que el beneficio también significó un alivio para su familia.

“Fue un alivio para mis papás”, relata.

El computador era de color amarillo fosforescente y comenzó a utilizarlo para estudiar y realizar trabajos escolares.

Con el paso del tiempo, aquella herramienta adquirió un significado mayor.

“Entiendo que no fue solamente recibir un computador. Fue tener una herramienta que me facilitaba el estudio y así podía acceder a las oportunidades que tengo hoy”, sostiene.

Actualmente tiene 23 años y estudia Odontología en la Universidad de Chile.

Una ventana para conocer otras realidades

La historia de Alexandra tiene otro componente.

Recibió el computador mientras cambiaba de establecimiento educacional. Sus padres habían realizado esfuerzos para buscar mejores oportunidades para ella y, en medio de ese proceso, llegó el beneficio.

El equipo no solo se convirtió en una herramienta para las tareas escolares. También le permitió acceder a información y contenidos que antes estaban fuera de su alcance.

“Fue una puerta a ver el mundo digital, saber qué ocurría en otros países, conocer otras realidades y salir de mi burbuja, donde solo conocía y sabía lo que me enseñaban en mi círculo cercano”, recuerda.

A través del computador comenzó a acercarse al arte, aprender sobre cocina y explorar distintos contenidos.

Con el tiempo, esa exposición a nuevas fuentes de información también contribuyó, según su propio relato, a desarrollar sus intereses y una mirada más crítica sobre el entorno.

El equipo volvió a ser importante cuando llegó el momento de pensar en su futuro universitario.

Hoy Alexandra trabaja en el sector bancario como ejecutiva de cuentas.

Una política que atravesó distintos gobiernos

El programa tuvo una característica poco habitual en las políticas públicas chilenas: sobrevivió a sucesivos cambios de administración.

En 2009 se entregaron alrededor de 30 mil computadores. Al año siguiente, la cobertura llegó a unos 60 mil estudiantes.

Durante los años siguientes, la política continuó bajo los gobiernos de Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, con modificaciones en sus criterios, cobertura y denominación.

En 2015 surgió “Me Conecto para Aprender” y posteriormente distintas iniciativas fueron agrupadas bajo las Becas TIC.

La lógica, sin embargo, permaneció: facilitar el acceso a computadores e internet para estudiantes que enfrentaban mayores dificultades económicas.

Según los antecedentes históricos del programa, cientos de miles de estudiantes recibieron equipos durante sus años de funcionamiento.

El debate sobre su futuro

El término del programa abrió una discusión que enfrenta dos preguntas distintas.

Por una parte, el Gobierno y parlamentarios que respaldan la decisión sostienen que los recursos públicos deben concentrarse en políticas que demuestren efectos concretos sobre el aprendizaje y otros indicadores educativos.

Por otra, quienes cuestionan el término de la iniciativa advierten que medir su impacto únicamente a través de variables como rendimiento o asistencia podría dejar fuera otros efectos vinculados con el acceso a tecnología, la autonomía de los estudiantes y la reducción de la brecha digital.

Alexandra se encuentra entre quienes consideran que eliminar el beneficio puede profundizar esas diferencias.

“Me da rabia que no entiendan la magnitud del desarrollo personal gracias a esta herramienta”, plantea.

Desde su experiencia, el problema no está únicamente en disponer de un dispositivo para realizar tareas escolares, sino en las posibilidades adicionales que se abren cuando un estudiante puede acceder de manera permanente a internet y herramientas digitales.

“Mientras se considera que estamos en una era digital, quitar el acceso a la tecnología en un hogar solo aumenta la brecha de desigualdad”, sostiene.

Las historias de Carlos, Florencia y Alexandra no permiten por sí solas determinar el impacto general de la política pública. Sí muestran, en cambio, una dimensión difícil de capturar únicamente en estadísticas: para algunos estudiantes, el computador entregado en séptimo básico no fue solamente un equipo tecnológico.

Fue el primer computador de la casa, una herramienta para estudiar y, en algunos casos, una puerta de entrada a un mundo que hasta entonces parecía bastante más lejano.

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