Tras un año de pruebas y 40 fórmulas descartadas, un grupo de emprendedores chilenos desarrolló una receta capaz de combinar alcohol y helado sin perder la textura cremosa. Boozy Ice Cream ya cuenta con ocho variedades elaboradas con whisky, tequila, vodka, ron, gin y vino, todas con 4,7 grados de alcohol y destinadas exclusivamente a mayores de 18 años.
¿Qué ocurre cuando después de una buena comida alguien quiere un postre y otra persona prefiere un cóctel o un bajativo? Esa diferencia, que durante años parecía obligar a elegir entre una alternativa y otra, terminó convirtiéndose en el punto de partida para un emprendimiento chileno que busca abrir una nueva categoría dentro de la gastronomía: los helados con alcohol.
La idea surgió entre amigos que acostumbraban reunirse para comer y conversar. Pablo Castro, uno de los creadores de Boozy Ice Cream, cuenta que la situación se repetía después de cada comida: mientras algunos optaban por un helado, otros preferían terminar la jornada con una copa. La pregunta entonces fue sencilla, aunque llevarla a la práctica resultó bastante más complejo: ¿por qué no unir ambas experiencias en un solo producto?
Así nació un proyecto que comenzó con experimentos caseros y terminó transformándose en una propuesta comercial que combina heladería artesanal con coctelería. El desafío principal no estaba solamente en conseguir un buen sabor, sino en resolver un problema técnico: incorporar alcohol a una mezcla que debía congelarse, conservar su estructura y mantener al mismo tiempo la textura característica de un helado.
Un año de pruebas y 40 fórmulas descartadas
La creación de Boozy Ice Cream estuvo marcada por un largo proceso de experimentación. Según explica Castro, fueron aproximadamente 40 las fórmulas que debieron probar antes de llegar a una receta que permitiera reproducir el producto con resultados consistentes.
El problema radicaba en las propias características del alcohol. A diferencia del agua, el alcohol no se comporta de la misma manera al someterse a bajas temperaturas, por lo que incorporarlo a una preparación destinada a convertirse en helado obliga a equilibrar cuidadosamente distintos componentes para evitar que el producto pierda consistencia o termine con una textura diferente a la esperada.
“Esa mezcla es súper compleja”, explica Castro al describir el proceso. La solución, según relata, requirió cerca de un año de trabajo hasta conseguir una fórmula que posteriormente permitió desarrollar una línea inicial de ocho sabores.
El resultado es una propuesta que no busca simplemente agregar alcohol como saborizante, sino construir cada variedad a partir de una combinación específica entre el destilado o licor seleccionado y la base del helado. De esta manera, la marca intenta trasladar preparaciones reconocibles de la coctelería y la pastelería al formato congelado.
La carta contempla Belgian Chocolate con whisky Chivas Regal, Crème Brûlée con Jack Daniel’s, Dulce de Leche con tequila, Espresso Martini con vodka Stoli y Kahlúa, Midnight Tiramisú con ron, Pistacho & Whisky, Strawberry Rosé con vino Vik Rosé y St-Germain, y Tropical Maracuyá con sorbete de maracuyá y gin Hendrick’s.
Todos los productos contienen 4,7 grados de alcohol, por lo que están destinados exclusivamente a consumidores mayores de 18 años.
De una cocina en Independencia a una nueva categoría
La operación de Boozy Ice Cream se concentra actualmente en una instalación ubicada en Independencia, en la Región Metropolitana, que funciona bajo un modelo similar al de una dark kitchen. En ese espacio se produce la línea de helados y el trabajo está concentrado principalmente en el maestro heladero Richard Duarte, quien se encarga de elaborar las preparaciones y resguardar la fórmula desarrollada durante el proceso de experimentación.
Para Castro, la elección de los licores también forma parte fundamental de la propuesta. La idea era que el alcohol no quedara relegado a un ingrediente secundario, sino que aportara características reconocibles al producto final y estuviera a la altura de una elaboración artesanal.
“Tienes un alcohol premium con un helado artesanal premium”, resume el emprendedor al explicar la filosofía detrás de la marca.
La empresa todavía se encuentra en una etapa inicial de expansión. Actualmente distribuye sus productos en algunas comunas de la Región Metropolitana, con especial presencia en el sector oriente de Santiago, y uno de sus objetivos es ampliar progresivamente la cobertura hacia otras zonas de la capital.
Además de la venta directa, el emprendimiento ha comenzado a ingresar al circuito gastronómico mediante restaurantes que incorporan sus productos a sus cartas como postre o bajativo, una fórmula que, según sus creadores, permite explorar una ocasión de consumo diferente.
Un helado que busca convertirse en bajativo
Uno de los elementos que Boozy Ice Cream intenta instalar es precisamente la idea de que el producto puede ocupar un espacio intermedio entre el postre tradicional y el consumo de un cóctel después de una comida.
Castro explica que un envase de 150 mililitros contiene una cantidad de alcohol comparable a la de un vaso de cerveza, una característica que obliga a considerar el producto como una preparación alcohólica y no simplemente como un helado convencional con sabor a licor.
La propuesta se inserta así en una tendencia gastronómica donde los formatos tradicionales comienzan a mezclarse con experiencias propias de la coctelería. En este caso, el desafío consiste en conseguir que ingredientes como whisky, tequila, vodka, ron, vino o gin puedan convivir con una estructura congelada sin que ninguno de los dos elementos pierda protagonismo.
Después de un año de pruebas, decenas de fórmulas descartadas y una receta que permitió desarrollar ocho variedades, Boozy Ice Cream busca ahora ampliar su presencia en Santiago y consolidar una categoría que sus creadores consideran todavía poco explorada en el mercado local: el helado como postre, pero también como bajativo para mayores de 18 años.

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